Este jueves 22 de octubre ha tenido lugar, como
parte de la XV semana cultural de la Casa de Ceuta en Cádiz, la conferencia
pronunciada por el historiador D. Carlos Gozalbes Cravioto que tenía por título
"Un recorrido urbano por la conquista portuguesa de Ceuta en 1415".
El mencionado conferenciante, natural de Tetuán,
cursó Magisterio en Ceuta, solfeo y piano, ejerciendo como profesor de EGB y
licenciándose en Geografía e Historia por la UMA, donde así mismo alcanzó el
doctorado. Enamorado de Ceuta y de su historia antigua, es correspondiente del
IEC y de otros institutos e instituciones similares. Es autor de 12 libros de
su especialidad y de más de 250 artículos sobre Ceuta y el norte de África.
Reside en Málaga, retirado por la edad de la actividad docente, pero sigue
trabajando en el campo de la investigación histórica con inagotable entusiasmo.

Tras la obligada presentación del conferenciante
por el presidente de la Yeza, que proporcionó un extenso curriculum del mismo,
comenzó Gozalbes indicando que la conquista de la plaza, como operación
militar, resultó increíblemente fácil y extraordina-riamente breve: unas diez
horas de aquel 21 de agosto de 1415. No hubo asedio, ni se usó artillería
alguna, solo armas ligeras de la época: espadas, alabardas, ballestas y arcos,
ya que el uso de la pólvora todavía no se había aplicado a las armas
individuales, solo a las bombardas. Tampoco se utilizaron medios para asaltar
las almenas o derribar puertas, excepto
algún ariete improvisado probablemente. Podríamos pensar que fue casi una
operación de comandos sino fuera por los aproximadamente 8000 efectivos que se
cree constituyeron el contingente de la fuerza de ataque como cifra más
probable. El éxito alcanzado sorprendió a los lusitanos, que tenían planeado
instalar un campamento en las laderas del Hacho como apoyo básico del asedio
que esperaban tener que sostener, y que fue absolutamente innecesario.

Considerándolo desde un punto de vista militar,
parece lógico pensar que la clave del éxito estuvo en el engaño, un recurso
clásico y siempre eficaz cuando efectivamente se consume el mismo: la flota de
asalto se dividió en dos, la comandada por el propio rey D. Joao I, que era el
grueso de la misma, que fondeó en la bahía sur, y la aparentemente secundaria,
al frente de la que figuraban los infantes D. Enrique (injustamente conocido
posteriormente por "el navegante") y D. Pedro. Se cree que el
desembarco y ataque de la última en la playa de San Amaro fue ejecutado sin el
permiso del rey, lo que constituyó una jugada de alto riesgo que, por salirle
bien a D. Enrique, que era el que lideraba la flota que atacó por el norte,
aportó a este infante la máxima gloria. Hay que tener siempre en cuenta que tanto
datos y aseveraciones de esta conferencia, basados en la crónica de Gomes Eanes
de Zurara (Mateo Pisano copia de Zurara, si bien aporta su propia
interpretación personal) son en general imprecisos y muy laudatorios hacia la
figura del rey y del infante D. Enrique, así como de la nobleza lusitana
participante en la gesta, exagerando el mérito personal de los mismos, a los
que ensalza sin reparos (a eso se le llama ganarse el puesto)

Podemos pensar que la suerte acompañó decididamente
a los portugueses, que el 15 de agosto realizaron una intentona de desembarco
que no se llegó a materializar, probablemente por la presencia de muchos
efectivos islámicos procedentes de la zona próxima a Ceuta, y que a la vista de
la retirada de la flota rumbo a Málaga, volvieron a sus hogares en la creencia
que todo había quedado en agua de borrajas. Este hecho debió contribuir al
relajamiento de las precauciones y medidas defensivas de los mahometanos,
potenciando así el efecto sorpresa del ataque definitivo del 21 de agosto.

El conferenciante se extendió en un relato
exhaustivo de las operaciones ejecutadas a lo largo y lo ancho de la Almina,
por cuya puerta entraron al recinto amurallado exterior desde San Amaro, al
parecer por el pánico que se apoderó de los defensores tras la muerte de un
caudillo principal, un gigante que había hecho estragos entre los atacantes
pero que a la postre fue derribado y muerto por un comandante lusitano, pánico
que les hizo retroceder desordenadamente hacia el abrigo de las murallas, cuya
puerta (de la Almina) permaneció abierta, probablemente para dejarlos entrar,
lo que permitió el acceso de los suficientes portugueses como para asegurar la
cabeza de puente. Tras dicha entrada, el ataque prosiguió en dirección
suroeste, hacia la torre del heliógrafo y así siguiendo por el lado sur de la
península ceutí, hacia oeste y norte hasta llegar a la alcazaba una vez ocupada
la mezquita principal, donde instalaron el puesto de mando. La lucha se
encarnizó casi exclusivamente en el frente de tierra de las murallas, almenadas
en los dos sentidos, donde D. Enrique quedó bloqueado durante tres horas
haciendo creer a sus compañeros que había muerto.
Acabada la conferencia, de la que lo anterior es
solo un breve resumen, la actuación de Gozalbes Cravioto fue acogida con
fuertes aplausos, tras lo que de la Yeza agradeció de nuevo la intervención del
arriba citado, haciéndole entrega de un recuerdo del acto e invitándole a
firmar en el libro de honor de la Casa.